Dudas. Reflexiones y dudas. Y más reflexiones. Y más dudas. Marear la perdiz hasta no saber si la perdiz está más mareada que nosotros o si somos nosotros los mareados. Al fin y al cabo, masticar el tema, reventarlo, destruirlo y volvarlo a montar para volver a destruirlo. En ese movimiento en falso, en el que nos instalamos casi dos semanas, se fue creando una corteza, un caparazón donde proteger las pocas ideas sólidas que salían de la dinámica de nuestra autodestrucción. La acción para el CATH estaba en marcha.
En primer lugar, aparte de lo ya recogido en este blog y la evolución gradual de las ideas y de las imágenes, llegó una visita a La Orotava, donde Nuria y yo llegamos a muchísimas conclusiones, deshechamos tantas cosas que nos dieron la visión clara de por dónde no queríamos ir. Aceptamos tantas otras que, aunque sujetas a modificaciones, llegarían hasta la realización de la acción.
En segundo lugar, una visita al espacio, el encuentro con la gente de la organización (o sus restos), pensar la acción en el lugar, pensar el lugar "accionado". Volver estimulados. Tomar una cerveza con una lluvia de ideas. Encontrar súbitamente tantos nombres y elegir el que surge de manera inconsciente pero tan oportuna. Nos llamamos ArmAdA. Me gustan las aes en mayúscula. Subraya algo rítmico en el nombre del grupo, toca a una por cabeza. Un nombre sugerente y lo suficientemente ambiguo como para no encorsetarlo de entrada. Vale que quiera decir "locura, salvajada, desfase" en argot canario. Pero una armada, popularmente, es una acción extrema, fuera de lo común, que rompe los límites de lo establecido. Y además acaba de seducirnos por sus otros sentidos y la combinación de todos. Como puzzle, como mecano, armada (la compañía o la acción), algo desestructurado que se monta para la ocasión. Y finalmente su sentido militar, belicista, de ataque, ofensivo, un batallón mediante el que combatir o atentar. Del mismo modo surge el nombre para la acción: Hábitat#1: planteando la acción de habitar (hoteles y otros espacios), de crear hábitats en diferentes espacios mediante la intervención de la acción en ellos. Y la palabra como espacio habitado dentro de todo este conjunto.
Y en tercer y último lugar, el encuentro en casa. Perfilar los matices no cerrados de la acción, comunicarnos tantas dudas, tantas nuevas posibilidades. Enfrentar las dudas con respecto a la recepción de la acción. Y las otras dudas con respecto a la desnudez del cuerpo, a la proyección hecha de la acción. Tratando de buscar una ilusión casi perdida por el camino en un proceso realmente agotador.
Pero me olvidaba. Ahora sí, en último lugar, visitar ferreterías y tiendas cutres. Pensar en unos materiales. Sustituírlos por otros. Adaptar la acción a lo más lógico, a lo más orgánico y cómodo, y dejar que se transforme y nosotros con ella. Y salir a la azotea y probar cómo se ve y cómo se hace una huella en el suelo que atestigüe nuestra presencia (pasada desde que la marca es marca), que sirva de firma de nuestra primera acción y nos prefigure como fetos para un renacer futuro en una futura acción.
Todos estos son los ingredientes. El hotel una olla a presión sobre la que habría que intervenir para que la receta fuera comestible.
Y hábitat va seguido de un 1 porque será el nombre de las acciones que, siguiendo esta línea, sean manifestaciones de un trabajo realizado en progreso, nunca acabado, siempre materializado en momentos diferentes de su evolución hacia otra cosa, como la ráfaga de fotografías que se tira de un corredor de cien metros lisos, partes concretas desvinculadas de un proceso mayor y diferente a las mismas.
Ese es nuestro trabajo.
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