A falta de cerrarla definitivamente, la acción está completamente construída, de manera que si faltara cualquiera de los tres componentes podrían realizarla siguiendo una explicación fría.
La última posibilidad que dejo abierta para el gusto de Nuria y Santi es la siguiente:
Dejar una huella de cada cuerpo junto a la caja antes de salir del espacio:
En el momento en el que se ha sellado la caja, uno a uno podemos hacer una figura plana, acostada sobre el suelo. Los otros dos marcan con cinta blanca la silueta que el que está en el suelo configura, de modo que al salir, junto a la caja queden las tres huellas.
Se puede pensar fácilmente (sobre todo si el que accede a este blog no pertenece a este proceso de trabajo) que estas ideas se sacan de la manga y se proponen como quien quiere rellenar con paja. Nada más lejos de la realidad.
Cada uno de los elementos que entran en una acción que ejecuto o que diseño cristalizan sobre el papel o en la ejecución porque han sido tamizados, porque han superado un complejo y largo proceso de depuración interna. Se podría decir que estos conceptos son supervivientes. Pasando un kilo de Darwin, las acciones-símbolo, los objetos y las imágenes con las que pretendo jugar pertenecen a un vastísimo océano donde se acumulan miles, millones infinidad de referencias cruzadas, de recuerdos, de fragmentos de canciones olvidadas, experiencias, sensaciones... Cada borbotón, cada oleada de ese océano que me nutre va dejando al albedrío algunas ideas que parecen optar a llegar al diseño o la realización de una acción. Pero antes de que eso pase, cada una de ellas es sometida a una profunda tortura.
Es calcinada, estrujada, dada la vuelta, macerada, apisonada, estirada, revuelta, desechada y vuelta a mirar. A cada una de ellas se le ponen de entrada el mayor número posible de obstáculos para propiciar que no llegue al destino de ver la luz como idea escrita o llevada a la práctica.
Sólo las ideas que superan todo esto son las que entran a formar parte de una acción, sea de la forma que sea. Superado este proceso, la idea o la imagen en cuestión está tan trasfigurada, es tanto casi sólo su cadáver que prácticametne deja de ser mía. Y en todo ello se encierra una idea de libertad.
Porque quizá sólo lo que no sea mío se encuentre lo poco que me pertenezca.
Porque quizá sólo lo que no sea mío es a lo que valga la pena pertenecer.
Y ahora, dos gotas de agua clara en el océano oscuro de mi subconsciente:
Ana Mendieta...
...y Sasha Waltz.


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